Pilar Mateos

Poema

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Inmóvil, mudo, yerto y solitario,
sollozo de una entraña dura y noble,
centinela callado, firme roble,
se yergue humilde el cerro milenario.
Siempre solo en el campo de Castilla,
tan hondo tan sereno que hace daño,
el cerro se me antoja, y no me engaño,
de tristeza temblar su dura arcilla.
Se que en su tierra gris le llora
el alma pena de soledad y de destierro.
Y me da compasión su triste calma.
Quisiera que él y yo fuéramos hierro,
ay de mí que también llevo en el alma,
la misma amarga soledad del cerro.